El paisaje también se conoce con las manos.
Las paredes de piedra áspera, la madera desgastada de las puertas, el hierro frío de las cerraduras o la tierra seca de los caminos cuentan historias a través del tacto.
Cada textura habla del tiempo y del uso que tuvieron estos lugares. La piedra pulida por generaciones, las huellas en los escalones, las paredes levantadas con esfuerzo colectivo.
En las Tierras Altas, el tacto conecta con el trabajo, con la vida cotidiana y con la relación directa entre las personas y el territorio.
En Cartografía de lo Invisible, tocar el paisaje significa acercarse a la memoria material de quienes lo habitaron.
Fase de desarrollo:
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